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TURQUESA:        Propiedades de las piedras naturales - Lola Joyas

 

PROPIEDADES FÍSICAS:

 

Es un fosfato de aluminio y cobre, cuya combinación le proporciona ese color azul-verdoso característico. Aunque como muchos minerales, ha venido modificando du estructura a lo largo de siglos, de acuerdo con las necesidades del hombre.

El brillo de la turquesa es ceroso a casi vidrioso, y generalmente es opaco, aunque puede ser semitraslúcida en pequeñas secciones. El color es tan variable como el resto de sus propiedades, abarcando desde el blanco hasta el azul oscuro y el azul cielo, y desde el azul-verdoso hasta el verde-amarillento. El color azul es atribuido a cobre, mientras que el verde puede ser el resultado de impurezas de hierro o la deshidratación.

La turquesa se encuentra entre las primeras gemas en ser extraída, y aunque muchos sitios históricos han sido mermados, algunos se encuentran en funcionamiento hasta la actualidad. Algunos de los yacimientos se encuentran en España, Estados Unidos, Irán, Sinaí, China, Australia, Chile, etc.

La pureza de color es el factor determinante del valor de una turquesa: en general, el color más apreciado es el azul oscuro, decreciendo el valor con el incremento de matices verdosos, el desvanecimiento del color y las manchas. Sin embargo, dependiendo del país, las prefieren con más o menos vetas y de diferentes tonalidades.

 

ETIMOLOGÍA E HISTORIA:

 

La palabra turquesa es muy antigua y de origen indeterminado. Deriva del francés pierre turquoise, significando piedra turca. (porque fueron los turcos quienes la introdujeron en Occidente, siendo así asociada a ese país), antiguamente se la conocía con el nombre de “kallalith” (piedra hermosa en parsi) o “fayruz” (gema de la suerte en árabe).

Las tonalidades de la turquesa han sido apreciadas en muchas culturas importantes de la antigüedad: Antiguo Egipto, Aztecas, Persas, Mesopotamia, Civilización del Valle del Indo y China.

Una creencia compartida por muchas de estas civilizaciones sostiene que la turquesa posee ciertas cualidades profilácticas: se pensaba que cambiaba de color de acuerdo al estado de salud de quien la usaba y protegía de fuerzas malignas.

Según la tradición hebrea, la primera mina de turquesas fue puesta en explotación por Isaac, hijo de Abraham, en el monte Sinaí y sus piedras eran muy codiciadas, tanto por los antiguos hebreos como por los egipcios.

Hay seis minas en la región, todas en la costa sudoeste de la península, cubriendo un área de 650 km² aproximadamente. Las dos minas más importantes, desde una perspectiva histórica están en Serabit el-Jadim y Uadi Maghara, y se encuentran entre los yacimientos conocidos más antiguos. La mina está localizada a unos cuatro kilómetros de un antiguo templo dedicado a la diosa Hathor. La península del Sinaí, era llamada "País de turquesas" por los nativos.

También fue la gema preferida de los mayas y los aztecas, quienes adornaban con ellas las efigies de sus dioses.

En la antigua Roma era la piedra por excelencia para las mujeres, que también la utilizaban molida como adorno para el cabello. En Grecia, por el contrario era usada por los varones, especialmente los de mayor edad, ya que se le atribuía poderes preventivos contra los asesinos y los envenenadores.

En la Edad Media se la consideraba el símbolo del valor y de la grandeza de ánimo y como tal se convirtió en el talismán de la Sagrada Orden de los Caballeros de Oriente.

 

PROPIEDADES TERAPÉUTICAS:

 

“La piedra que habla”. Favorece la comunicación verbal y permite que los pensamientos fluyan en frases perfectas. Proporciona un aumento de sensación de bienestar, amor, salud y felicidad, regulando el sistema respiratorio y provocando una sensación de alegría interior. Nos permite abrir nuestra mente a nuevas perspectivas.

La mejor ayuda que aporta es la superación del pasado, siendo ideal para sanar viejas heridas del pasado que no somos capaces de olvidar o dejar atrás.

Especialmente indicado para las afecciones del sistema respiratorio, la laringe, los bronquios y los pulmones, entre las que se encuentran la amigdalitis, disfonía, afonía, tosferina, difteria, bronquitis, asma de origen bronquial, etc.

 

CONSEJOS PARA SU CUIDADO:

 

Siendo un material de fosfato, la turquesa es intrínsecamente frágil y sensible a los solventes; los perfumes y otros cosméticos pueden alterar su color, al igual que las pieles grasas. Exposiciones prolongadas a la luz solar también pueden decolorarla o deshidratarla. Deben tomarse ciertos cuidados cuando se utiliza como joya: los cosméticos, incluyendo los bronceadores o protectores solares y el aerosol para cabello deben ser aplicados antes de ponerse los accesorios, y no debe ser utilizada en la playa u otros lugares soleados. Después de su uso, la turquesa debe ser limpiada con un paño suave para evitar la acumulación de residuos, y debe guardarse en un recipiente, aislada de otras piezas, para evitar rayaduras ocasionadas por otras gemas más duras.


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